EL NUEVO COLONIALISMO AFRICANO Y EL DESAFÍO DE LA ARGENTINA PRODUCTIVA
- Luis Gotte

- 30 sept 2025
- 3 Min. de lectura
El mundo está cambiando de eje. Mientras en nuestras pampas todavía discutimos si exportar porotos de soja o maíz sin valor agregado, África vive una transformación silenciosa que en pocos años va a redefinir el mercado global de alimentos, energía y minerales.
El reciente informe publicado en Le Grand Continent describe 10 configuraciones estratégicas que consolidan un nuevo reparto de África, donde potencias como China, Rusia, Turquía, India y Emiratos Árabes despliegan inversiones masivas en logística, ferrocarriles, puertos y agroindustria.
No es un simple juego diplomático: se trata de transformar al continente africano en el granero del mundo y en una plataforma industrial de bajo costo, con transferencia tecnológica directa desde Asia.
Mientras tanto, Europa y Gringolandia pierden posiciones a gran velocidad, son incapaces de sostener su modelo colonialista que se les resquebraja ante la emergencia de un orden multipolar. Y esa reconfiguración tendrá efectos inmediatos en América Hispana y, sobre todo, para Argentina.
¿Por qué debería importarnos este nuevo reparto de África?
Porque a mediano plazo se proyectan consecuencias concretas que ningún productor, exportador o dirigente político argentino debería ignorar:
a) Competencia feroz en los mercados agrícolas: el acceso privilegiado de África a financiamiento asiático, la infraestructura y la tecnificación acelerada harán que la producción de granos, frutas, carnes y biocombustibles africanos gane presencia en los mismos destinos que hoy compra nuestra producción primaria.
b) Reducción de precios internacionales: si África incrementa su capacidad exportadora a gran escala, la presión sobre los precios de commodities agrícolas será muy alta. Esto podría impactar de manera directa en los ingresos fiscales, el empleo rural y el modelo de desarrollo pampeano argentino.
c) Nuevo eje logístico transcontinental: China ya proyecta rutas ferroviarias que conecten puertos atlánticos con el Índico, permitiendo a África abastecer Europa y Asia con menores costos logísticos que América del Sur.
d) Menor dependencia alimentaria de Europa: si África se consolida como proveedor preferente de alimentos baratos, Europa reducirá su demanda de exportaciones argentinas.
Mientras tanto, en Argentina persiste la dependencia estructural de exportar productos sin procesar: soja, trigo, maíz, carne congelada. Y con un agravante: ningún plan estratégico serio para agregar valor, innovar, invertir en bioeconomía o fortalecer la industrialización agropecuaria a gran escala.
¿Qué lugar va a ocupar Argentina en este nuevo tablero geoeconómico?
Si seguimos creyendo que la renta agrícola alcanzará para sostener 48 millones de personas y la competitividad de un país entero, nos vamos a encontrar en 5 o 10 años con un mercado internacional saturado por la potencia productiva de un continente entero que hasta hace poco se consideraba marginal.
El desafío no es solo productivo, sino político y estratégico:
a) Integramos a las nuevas cadenas de valor industrial,
b) Construimos alianzas inteligentes con los países del BRICS, África y Asia,
c) Asumir el riesgo de convertirnos en exportadores irrelevantes, atrapados en la dependencia crónica de vender materias primas baratas para comprar todo lo que no producimos.
Hoy más que nunca, mirar lo que pasa en África no es un lujo de analistas internacionales. Es un ejercicio de supervivencia nacional. Porque la soberanía, en el S.XXI, también se mide por la capacidad de adaptarse y competir en un mundo donde ya nada se reparte como antes.
Hoy, la primera decisión crucial que debemos tomar gira en torno a la logística: la construcción de ferrocarriles multimodales que conecten nuestras regiones productivas. Es imperativo restaurar los ramales que el gobierno de Menem desmanteló, ya que este despojo nos ha excluido de manera paulatina del mercado internacional. Recuperar estas rutas es esencial para recuperar competitividad y fortalecer nuestra inserción global




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